Quién soy.

Dicen de mí que soy apasionada, economista y eterna luchadora.

Pero sobre todo, soy una inconformista que un día dijo que las cosas se podían hacer de otra forma, y no paró hasta conseguirlo.

En el camino, decidí ayudar a otros emprendedores a entender la parte económica y fiscal de sus negocios.

Gestora Fiscal
de negocios online

Hace años me dijeron que estaba loca si pretendía trabajar con mi bebé en brazos.

No sabían qué decirme eso, era como retarme. Años más tarde, me plantaba en los eventos con mi hija, grababa casi a diario un podcast en la que se la escuchaba constantemente, y hacía las consultorías con mis clientas en su compañía.

De aquello ha llovido un poco. Pero sigo con ese espíritu. 

Ahora dicen que los impuestos, la fiscalidad, es un mundo gris. Ya. 

Intento cada día hacer esta profesión, la de gestora fiscal y la economista en general, más accesible. Creo que todos deberían tener conocimientos sobre estos temas, pero que se ha explicado de forma tan inaccesible, que se ha dejado por imposible aquello de intentar comprenderlo.

Si eres trabajador por cuenta ajena, puede ser como llevar una incómoda china en el zapato. 

Pero si eres emprendedor… si tienes tu propio negocio, necesitas conocimientos financieros. De lo contrario estás perdiendo dinero.

Y no sólo eso, déjame decirte, que si no eres consciente de las emociones que vives, ellas gobernarán tu negocio por ti. Y es que …

Los negocios tienen alma, y se parece mucho a la de su CEO

Dicen que hago fácil lo que parece difícil. Yo creo que, en ocasiones, viste más contar las cosas de forma complicada. Es como de eruditos. No sé, llámalo como quieras, pero pasa en muchas profesiones: la abogacía, la medicina, la economía, etc…

¡Qué tontería!, con lo fácil que es hablar de forma que nos entendamos todos. 

Eso fue lo que me pasó durante muchos años con las matemáticas, que por cierto, se me ha olvidado incluir en la lista anterior. Las odiaba, me creaban mucho estrés. Me sentía tonta, creía que no eran para mí. ¡Qué confundida estaba!, el único problema que tenía por aquel entonces no estaba en mi cerebro, sino en el de la persona que me las explicaba y en el de la persona que me las imponía.

Gracias a aquella época, y a esa cabezonería que me hizo también trabajar con mis bebés durante sus primeros meses de vida a pesar de los vaticinios, logré entender las matemáticas durante mi época de universidad. Y no sólo eso, sino que, años más tarde, monté una academia de matemáticas y economía. Mis alumnos todavía hoy, me recuerdan que entraron en la clase odiando las matemáticas, y acabaron el curso amándolas.

¿Mérito mío?, bueno, tampoco me lo voy a quitar, pero lo que creo que verdaderamente hizo que tuviese éxito, fue que empatizaba con ellos. Conocía sus emociones. Sabía cómo se sentían.

La economía sin emociones es como el mar sin agua

La economía, la educación, las relaciones, ¡da igual!, llámalo como quieras. Yo tengo que poner economía, porque viene a cuento, pero las emociones son fundamentales en la vida, y les hacemos demasiado poco caso.

Estar pendiente de ellas, me ayudó a conectar con mis alumnos. Había días que no hablábamos de integrales o derivadas, sino que hablábamos de miedos, de frustraciones y de alegrías. Cuando llegaban los exámenes, aprobaban. 

¿Mérito mío?, bueno tampoco me lo voy a quitar, pero los que estudiaban (confiados) eran ellos.

Hoy aplico esta misma técnica con mis clientes de gestoría fiscal. Me recuerdan muchísimo a mis alumnos. Te diría que no intento enseñarles nada, pero te estaría mintiendo.

Les presento sus impuestos, sí, pero también intento que crezcan con sus negocios. Que tengan esa visión empresarial que quizá les falta, porque oye, no todos tenemos que saber de todo. Al fin y al cabo, ellos saben de lo suyo, y en ningún colegio te forman para estar al frente de tu propio negocio.

Cada trimestre elaboro un informe con los datos económicos de sus negocios. Pero no me quedo ahí. Intento conocerlos, a todos. Les dedico tiempo, charlamos, nos conectamos por vídeo conferencia de vez en cuando. Y esto me ayuda a entender cuáles son las emociones predominantes. Me ayudan a entender cómo se relacionan con el dinero, y según las percepciones que me llegan, les aliento en el crecimiento de sus negocios.

Tu forma de relacionarte con el dinero, depende directamente de las emociones que te genere

En mi opinión, hay dos patrones de consumo, que pueden estar más o menos acentuados. Esto es como ver la vida en blanco y negro o verla en escala de grises. Hay días que la verás según los extremos, y otros en que tirarás más por las mezclas.

Estos patrones son: ser consumista o ser ahorrador. Y cada uno de ellos tiene una personalidad bastante definida. Insisto, con escalas de grises. 

Por eso creo que es tan importante saber qué emoción está vigente en cada momento cuando vas a tomar una decisión financiera.

Puede ser que predomine la alegría y tiendas a gastar más de la cuenta, o si predomina el miedo, tiendas a acumular el dinero en tu cuenta bancaria. 

¿Qué es bueno y qué es malo? Creo que no hay nada bueno ni malo. Simplemente, es. Y si lo ves desde un punto de vista ecuánime, aceptarás que hay días que quieres derrochar, y no por ello debes sentirte culpable, y otros que quieres ahorrar, y no por ello serás un tacaño.

Si has llegado hasta aquí, gracias. Adoro escribir, y hay veces que me pongo y no sé dónde parar. Quizá debería plantearme escribir un libro. Pero eso lo dejo para contártelo en mi newsletter. De momento te dejo algunas pinceladas de lo que soy:

Reconozco que ha habido momentos en mi vida en que mi pasatiempo era calcular matrices inversas

Tengo tendencia al consumo más que al ahorro. Durante un tiempo me sentí culpable, pero ahora lo disfruto (cuando puedo, claro)

Durante muchos años tuve fobia al agua. Un día, me levanté, me apunté a clases de natación y me dí cuenta de que, en el fondo amo nadar

Intento reirme de mí misma y disfrutar muchísimo cada día en las stories que hago en Instagram. También cuento cosillas interesantes de vez en cuando

Nací hace ya treintaytantos otoños al lado de los Alpes. En la capital financiera. ¿Será de ahí que me viene lo de economista? No lo sé. Lo que sí sé es que de ahí viene mi amor por el alemán

Me gusta conducir. Como el anuncio. Tal cual. Hay días que cogería el coche sólo por el placer de conducirlo, aunque he organizado mi vida para tenerlo aparcado en un garaje

Y por último, si todavía no te he saturado, y tienes ganas de más, te dejo con mis últimos post…

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déjame que te cuente una historia...

Ana trabajaba duro.

Ella sabía que sola podría conseguirlo, pero a veces necesitaba ayuda. En esos casos, le pedía dinero a su familia. Pero esto no le gustaba nada.

Sigue la historia de Ana, Carlos y Lucía para entender cómo nos relacionamos con el dinero, y por qué las emociones son tan importantes en las decisiones financieras

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